AISLAMIENTOS

ZONAS A AISLAR
MATERIALES
BENEFICIOS

AISLAMIENTO PARA VIVIENDAS
CONFORT Y SOSTENIBILIDAD

No se ve…pero se nota

Aunque el motivo que haya originado una reforma no sea mejorar su aislamiento térmico, con un pequeño esfuerzo adicional se puede incrementar significativamente el confort de los usuarios y reducir a la vez la dependencia de la vivienda del consumo de energía. El aislamiento no se ve…pero se nota, ¡compruébalo!

Aislar térmicamente una vivienda consiste en lograr que sus elementos en contacto con el exterior aumenten su resistencia al paso del calor, lo que se consigue incorporando materiales aislantes en muros exteriores, cubiertas y suelos. Debes tener en cuenta que una parte importante de las pérdidas de calor (en invierno) se producen a través de las carpinterías y vidrios de las ventanas, por o que te recomendamos que eches un vistazo a las posibilidades de ventanas en viviendas.

Según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de Energía (IDAE), en España más de la mitad de los edificios están construidos sin la protección térmica adecuada; es decir, sin el necesario aislamiento térmico. Tengamos en cuenta que el consumo de energía de las viviendas españolas supone alrededor del 20% del consumo total del país y que en los últimos 15 años se observa un crecimiento ascendente y sostenido.

La entrada en vigor del Código Técnico de la Edificación (CTE) en el año 2006 pretendía, entre otros objetivos, reducir

el consumo energético de los edificios mediante una legislación más exigente. Aparte de lo establecido por la ley, para cualquier edificio de más de 20 años o insuficientemente aislado es muy aconsejable una rehabilitación térmica con la que podría alcanzarse, fácilmente, un ahorro del 50% de la energía consumida en calefacción y/o refrigeración.

Recuerde que si su vivienda fue construida antes de 1980 posiblemente no tenga protección térmica alguna y además sus instalaciones serán ineficientes energéticamente.

La pregunta es inmediata: ¿Qué medidas se pueden adoptar para reducir el consumo energético de estas viviendas?

La respuesta también es inmediata: la rehabilitación mediante aislamiento térmico es una de las mejores medidas. Cualquier acción en este sentido constituirá un ahorro neto de energía.

El aislamiento térmico de una vivienda es la capacidad que ésta tiene para retener el calor (en invierno) o el frío (en verano), que básicamente generamos mediante sistemas de calefacción y/o refrigeración. Por mucho que invirtamos en un buen aparato de aire acondicionado o en un buen sistema de calefacción, de poco servirá si la casa no está bien aislada desde el punto de vista térmico.

Pero ya no solo por una cuestión de ahorro de energía o de conciencia medioambiental, sino porque además, desde el año 2013 el Real Decreto de Certificación de Eficiencia Energética de Edificios Existentes, obliga a que todas las viviendas que se compren, vendan o alquilen en España cuenten con un certificado que avale su comportamiento energético. De este modo, las viviendas se clasifican mediante una serie de letras, que van de la 'A' (máxima eficiencia) a la 'G' (grado de eficiencia energética más baja).

 

Presupuesto Gratis

EXPERIENCIA-SERIEDAD-PRECIOS JUSTOS

Materiales
Elige el que mejor se adapte

La radiación solar transmite el calor a las fachadas de los edificios a través de las ondas electromagnéticas, que lo absorben, y lo van transmitiendo por contacto al interior del edificio. Es lo que se llama conducción. Los aislantes térmicos impiden que el frío o el calor penetren al interior. El rendimiento de un aislante va en función de su coeficiente de conductividad térmica y su espesor. Cuanto más bajo sea este coeficiente mayor aislamiento proporcionará a nuestra vivienda.

Los materiales aislantes más utilizados son:

Poliestireno expandido: Es el cásico corcho blanco que también se utiliza en embalajes. Se encuentra con muchos espesores y densidades que van desde 10 hasta 25 Kg/m3, con una conductividad térmica de entre 0,029 y 0,053 W/(mK). Su principal inconveniente es que absorbe la humedad, por lo que hay que asegurar que su ubicación es la adecuada.

Poliestireno extruido: Es similar al anterior, pero este aislante puede mojarse, por lo que se instala mucho en cubiertas. Normalmente se sirve machihembrado, en planchas y con espesores típicos de 40 / 50 / 60 / 80 mm. Su conductividad térmica se encuentra entre 0,025 y 0,040 W/(mK). Su gran resistencia mecánica permite que las cargas (peso de tejas, nieve…) puedan apoyar directamente sobre el aislante. Se puede usar como aislamiento en tabiquería, con paneles que van de forjado a forjado, en cubierta (paneles de chapa), muros enterrados, techos…

Espuma de poliuretano: Tiene buen coeficiente de conductividad térmica (muy aislante), comprendido entre 0,019 y 0,040 W/(mK). Como características principales podemos mencionar su rigidez estructural, una gran adherencias sobre distintas superficies, baja o nula absorción de humedad y buena relación aislamiento / precio. Tiene la ventaja, además, de su aplicación con pistola en forma de espuma, rellenando cámaras y huecos.

Lana de roca y lana de vidrio: Se suelen instalar en forma de mantas, o paneles. A diferencia de los materiales anteriores, las lanas minerales no son inflamables, pero para su colocación hay que protegerse los ojos, la piel y el sistema respiratorio. La conductividad térmica de las lanas minerales (de roca y vidrio) se encuentra entre 0,03 y 0,05 W/(mK). La lana de roca gracias a su disposición multidireccional de fibras tiene también una buena capacidad como aislante acústico. La lana de roca también se puede aplicar en forma de mortero mezclada con cemento, como aislamiento térmico proyectado, que evita los puentes térmicos, es incombustible y de aplicación rápida.

Existen otros tipos de aislantes menos utilizados en construcción, pero de gran utilidad en lo que a reformas se refiere. Te mostramos los más interesantes:

Corcho: El corcho es un material natural reciclable y muy ligero cuya estructura está compuesta de celdas pequeñas que absorben los ruidos. Se puede encontrar en planchas y rollos, por lo que dependiendo de dónde vayamos a instalarlo nos decidiremos por una presentación u otra. Además se puede dejar visto o revestirse, existiendo paneles con alma de corcho que pueden ser colocados en el techo debido a su bajo peso.

Reflectivos multicapa:  Están compuestos por una lámina de aluminio al exterior por ambas caras y por láminas de espuma o lana mineral en su interior separadas por más láminas de aluminio. Su espesor suele oscilar entre 0,7 cm y 2,5 cm, por lo que es ideal para rehabilitaciones y reformas. Es flexible y se pueden instalar en fachadas, techos, cubiertas y suelos, ya que soportan bien la humedad.

Celulosa: La celulosa es un aislante natural que puede incluso ser reciclado. Para su fabricación se precisa poca energía en comparación con otros materiales aislantes como la fibra de vidrio o la lana de roca. La celulosa, como aislante natural, combina, en un único material, protección térmica, acústica, control de condensación y protección al fuego. Además, la sal de bórax, el aditivo principal con el que se trata la celulosa en su proceso de fabricación, convierte la celulosa en un material antifúngico e imputrescible (repele insectos e impide la formación de hongos).

La aplicación de la celulosa se realiza mediante el proceso de proyectado en húmedo o insuflado (en cavidades o en manta) dependiendo de la necesidad de cada obra. 

Instalación
Según la zona a aislar

La elección del tipo de aislante depende de la zona que quieras aislar (paredes interiores, fachadas, techos o bajo cubiertas) y del tipo de instalación.

En fachadas de viviendas ya construidas podemos colocar el aislamiento desde el interior de la vivienda, o inyectando una solución aislante en el interior del muro aprovechando la cámara de aire. 

La instalación del aislante por el exterior requiere una actuación en todo el edificio si tu vivienda no es unifamiliar.

En el caso de las cubiertas podemos colocar un aislante bajo las teja, aunque para ello habría que levantar el tejado. Lo importante en este caso es que elijamos un material impermeable como el poliestireno extruido o el poliuretano.

A veces  resulta más cómodo colocar el aislante por el interior, eligiendo un material ligero y que ocupe poco espesor (aislante reflexivo, lana mineral…) .

En suelos el aislamiento térmico se coloca sobre el forjado de hormigón. En suelos radiantes también falta colocar una lámina de polietileno entre el aislante y el sistema de calefacción por conductos.

Paredes o tabiques: En estas zonas quizá es más importante el aislamiento acústico que el térmico. Para este aspecto el corcho es uno de los mejores aislantes acústicos que existen. Podemos dejarlo visto (como acabado) o revestirlo con otro material.

Si tus tabiques son de pladur, coloca el aislante (lana de vidrio o de roca) entre la perfilería.

El tipo de instalación depende del material elegido y de la zona que vayamos a asilar, pudiendo ser: entre perfiles o rastreles, entre muros con pasta de agarre, encolado, grapado o proyectado.

Eficiencia energética
Beneficios de un buen aislamiento

Reducir la factura energética del usuario y del país: al incorporar aislamiento térmico se reducen las pérdidas de calor o frío (invierno/verano) dentro de la vivienda; por tanto, la energía necesaria para calentar o enfriar las habitaciones será menor, haciendo que ahorremos dinero en nuestra factura energética y, a nivel global, que se reduzca el consumo del país.

Mejorar el confort y el bienestar: Una vivienda aislada térmicamente contribuye al bienestar del usuario ayudando a mantener una temperatura de confort dentro de la vivienda, tanto en invierno como en verano.

Disminuir las emisiones de gases con efecto invernadero (principalmente CO2): las calderas de gas, derivados de petróleo o carbón emiten gases en su combustión (CO2 y otros). También la producción de energía eléctrica lleva asociada emisiones de CO2. Una casa bien aislada térmicamente contribuye a reducir el consumo de energía y, por tanto, la emisión de gases con efecto invernadero.

Eliminar las condensaciones y mejorar el aislamiento acústico: por un lado se eliminan las humedades interiores que suelen conllevar la aparición de moho y, además, se reduce el ruido procedente del exterior o de los vecinos.

Añadir valor al edificio: las ventajas descritas pueden utilizarse como argumentos positivos en caso de alquiler o venta.